Como se pide.
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La Noche de los Lápices.
Teresa Marsch.
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Quería recordar la terrible historia de LA NOCHE DE LOS LÁPICES, escribiendo algo en conmemoración de tantas vidas destruidas por el sólo hecho de luchar por sus derechos. Y recordé que tenía un documento mucho más certero y más importante que cualquier cosa que yo pudiera expresar. Son las propias palabras de PABLO DÍAZ, uno de los pocos sobrevivientes, en una charla que dio en la Biblioteca Sarmiento, el 16 de agosto de 1986, invitado a nuestra ciudad por el CENTRO CULTURAL MEMORIAS DE FIERRO, existente en esa época, y del que tuve el honor, junto con muchos otros, de formar parte.
Por eso transcribiré la charla de Pablo.
Comenzó contando que él, en 1975, era presidente del Centro de Estudiantes del Colegio España. Este Centro, a su vez, integraba la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (C.E.S.). En septiembre del ´75 la C.E.S. luchaba por el “boleto estudiantil”; después de una movilización de más de 5.000 estudiantes, el Gobierno Provincial, (en aquellos años era gobernador Victorio Calabró) tuvo que aflojar y concederles a los estudiantes dicho pedido, aunque también eran muy fuertes las presiones por parte de las empresas de transportes, cuyos directorios estaban minados de militares y tenían una simpática y amistosa relación con el gobierno. El boleto se implanta el 16 de septiembre del ´75. Después de marzo del ´76 (comienzo de la dictadura) la C.E.S. se propone resistir a la dictadura por medio de panfleteadas o escribiendo en los colegios “no a la dictadura en las escuelas”. En agosto del ’76 suspenden el boleto escolar; ante esta medida la C.E.S. comienza la lucha para recuperar el beneficio estudiantil, lógicamente, sin saber a qué monstruo le hacían frente.
El general Camps se reúne con el Director del Comando de Operaciones Tácticas de Investigación (C.O.T.I.), comisario Etchecolatz, el tema a tratar es “SUBVERSION EN LOS COLEGIOS”. De esta reunión sale la orden para el Jefe de Inteligencia Política (Alfredo Fernández) de “hacer una lista de los militantes del C.E.S. Esta lista es dirigida al Estado Mayor integrado por: Tenientes Coroneles Campoamor, Gatica y Muñoz, que eran los permanentes consejeros del Gral. Camps.
El operativo es aprobado por el Estado Mayor y se lo denomina “La noche de los lápices”. El 1° de septiembre se pone en marcha el siniestro operativo, secuestrando a 5 alumnos del Nacional a la salida del colegio. Dos de ellos estuvieron un mes desaparecidos, uno un año, y dos permanecen desaparecidos. Sus edades iban de 14 a 16 años. El día 4 del mismo mes secuestran a 5 chicos del G.E.S.A. (Grupo de Estudiantes Secundarios Antiimperialistas); los 5 son fusilados. En la noche del 16 de septiembre, exactamente a un año de la implantación del boleto escolar, al mando del Comisario Héctor Luis Vide (alias “El Lobo”), Jefe del campo de concentración 444, también llamado Arana, se lleva a cabo el operativo arrancando de sus hogares a 16 estudiantes. El sub – comisario Nogara (hoy prófugo), se encarga de separar a 7 de ellos para el “Traslado Final” (fusilarlos); entre ellos se encontraba Pablo Díaz. Son llevados por una semana al campo de concentración Arana, al que le llamaban de “tortura permanente”. Después de una semana de arrancada de uñas, de picana eléctrica, de submarinos (le sumergían la cabeza en el agua) y de interrogatorios con golpes de manoplas, los 7 chicos son trasladados al Pozo de Banfield o Depósito (llamado de esta manera porque estaban a la espera del fusilamiento), que dependía de la policía de la policía de la Pcia. de Buenos Aires. En este horrendo lugar Pablo Díaz estuvo 4 largos meses, con soga al cuello, atado con las manos atrás y casi permanentemente con los ojos vendados. Al principio comía cada 15 días, después una vez por semana. En 4 meses se bañaron una sola vez. El responsable del Pozo de Banfield era el Comisario Mayor Wolf (hoy procesado) y el médico Bergés (alias Mengele chico) que lo secundaba. Este último se encargaba de atender los partos de las mujeres embarazadas que se encontraban en el lugar, para luego vender los niños a militares o cómplices del Proceso.
Después de los 4 meses, Pablo, ciego, debido a la infección que le provocaba el continuo vendaje y sin poder caminar, por la gran debilidad, es comunicado por el Teniente Coronel Penas que “Va a VIVIR y que pasará al Poder Ejecutivo”.
Todavía hoy, Pablo no sabe por qué causa es el único sobreviviente de los siete chicos, aunque cree que hay posibles respuestas, como la que en toda masacre quedan sobrevivientes, como por ejemplo en la masacre de José León Suárez, Trelew, etc.
Pero hay otra respuesta, quizá más cercana a la verdad, como que el 28 de diciembre Monseñor Plaza, (allegado a la familia de Pablo) comunica a su padre que “había hablado con el General Camps y éste le había dicho que su hijo iba a vivir, sólo quiere darle un escarmiento”, le dijo el “religioso”.
Por supuesto Pablo no le está agradecido a Monseñor Plaza por haberle salvado la vida, todo lo contrario, le hizo juicio por cómplice de la tortura y el asesinato de miles de personas. Ese mismo 28 Pablo es trasladado a la Unidad 9 de La Plata, donde estará 3 años sin proceso judicial y con visita permanente del General Campoamor para aconsejarle que “recuerde que no tiene que recordar lo pasado” y que lo principal para él debía ser “Dios, Patria y Familia”.
Pablo, una vez en libertad, comienza a investigar qué había sido de la vida de sus compañeros. Desgraciadamente se encontró con que Francisco López Muntaner (15 años), Claudia Falcone (16 años), Claudio de Acha (17 años), Horacio Ungaro (17 años), Daniel Racero (18 años), María Clara Ciocchini (18 años) continúan desaparecidos (aparentemente fueron fusilados a principios de enero del ´77).
Pablo terminó su charla diciendo que “aún hoy las puertas están cerradas para las investigaciones” y que “las investigaciones que hacemos los organismos de Derechos Humanos las deberían hacer los Jueces” y enfatizó que “para que estas tristes historias no ocurran más en nuestro país, debemos participar todos para llegar a una verdadera Democracia, los trabajadores en sus sindicatos, los estudiantes en sus centros, los vecinos en sus juntas vecinales, en los partidos políticos, en todos los canales que permitan la expresión del Pueblo y si no existen estos canales, pues bien, habrá que crearlos”.
La charla de Pablo no sólo es importante como testimonio de nuestra historia reciente. También nos permite evaluar el camino recorrido en el tema de Derechos Humanos desde ese 16 de agosto de 1986, en que nos visitó, y también, lo que aún falta para hacer justicia de una vez por todas.
Y también, por qué no, para comparar esta historia con algunas cosas que pasan hoy, por ejemplo en los Colegios de Buenos Aires. Y conocer quién es quién.
MARIA TERESA MARSCH
D.N.I. 10.825.570.

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