Y no le temía a los reportajes, ni los esquivaba; es más, llegaba a La Nueva Radio, proponía los temas, manifestaba que estaba pasando tal o cual cosa, y por ende, era necesario hablar de ello por el bien de la salud física y mental de la población. Y siempre estaba dispuesto para dar charlas en las escuelas, ante grupos de adolescentes, niños o padres.
Como también, cada vez que a un padre lo asaltaba la preocupación por una fiebre alta de su hijo, una tos persistente, o cualquier otra dolencia común o especial, siempre se lo encontraba detrás de la línea telefónica, abría su consultorio a cualquier hora, y allí recibía al niño enfermo y a sus padres para evacuar dudas y calmar ansiedades.
Siempre estaba, no solo por dolencias físicas. Más de una vez, muchas veces, dejaba el recetario de lado, evitando indicar un medicamento innecesario, y en cambio, disponía su oído para escuchar a un padre preocupado y dejaba deslizar, casi sin querer, un consejo claro, calmando preocupaciones.
Hace un año atrás, cuando se anunció que había dejado de existir, entonces explotaron las líneas telefónicas de La Nueva Radio dejando mensajes cariñosos para este querido médico de Coronel Suárez.
Transcurrido este año, al dolor de su pérdida, se ha sumado una añoranza interminable al reconocer y comprobar con el devenir de los días que fue una persona ÚNICA, GRANDE, INIGUALABLE.
A un año de su desaparición física, hay niños que todavía no se resignan a tener otro médico pediatra de cabecera y se lo hacen saber a sus mayores. Y hay padres que extrañan sin consuelo al amigo que encontraban en la persona del Dr. Eduardo Frandzman.